María desde la teología feminista – Bea Martínez de la Cuadra

Es importante empezar aclarando que la teología feminista se rebela contra la teología basada en perpetuar los papeles tradicionales de hombre y mujer, y contra una cultura que conserva este modelo inamovible. Pretende destruir un antiguo esquema y construir una nueva imagen de mujer y de hombre, y unas nuevas relaciones entre ambos, con el entorno y la cultura.

La tarea de la teología feminista al acercarse a la figura de María va a ser mirarla desde un nuevo punto de vista, intentando eliminar toda la carga que la historia patriarcalizada, ha puesto sobre ella. De esta manera, busca recuperar a la joven mujer de Nazaret que dio a luz al Hijo de Dios, más allá de los títulos y los dogmas que la historia: Miriam de Nazaret.

Hemos de señalar una gran aportación a la mariología, de parte de la teología de la liberación. Ésta defiende que el cisma entre una devoción popular a María, y una teología teológica abstracta, sólo se puede superar elaborando una mariología desde los pobres: María como “la mujer pobre, libre y comprometida del Magníficat, como creyente que acompañó a Jesús hasta la Pascua.”[1] Ya el Vaticano II supuso un giro en la mariología queriéndola volver a enraizarla en la Biblia, poniéndola también en contacto con el mundo al insertarla en la Historia de la Salvación.

Puede ser este un buen momento para profundizar más en la figura de María en nuestra fraternidad. Un momento para clarificar su imagen y rescatar una visión más acorde con nuestra espiritualidad. Quizá no nos hayamos sentido muy identificados ni atraídas por ese modelo tradicional de Madre, diosa, demasiado elevado, demasiado perfecta, demasiado lejana.

Acerquémonos desde una nueva mirada a María, pobre de Nazaret, madre de Jesús y su fiel discípula, a la María del Magníficat. Algunas pistas desde la teología feminista y desde el documento de Puebla:

  • Mujer antes que madre: Mujer del pueblo, de Nazaret de Galilea, colonizado por el Imperio Romano. Menospreciada junto al conjunto de su mismo género y junto a las personas esclavas, niños y niñas.
  • Sin embargo, María personifica la opción preferencial de Dios por los pobres tipificando su forma de actuar en la historia de la salvación. Ella se siente salvada por Dios, siendo profundamente religiosa y a la vez consciente de la situación real que está viviendo su pueblo. Y ese sentirse salvada está unido a la misión que Dios le ha encomendado: ser madre del Mesías.

Pertenece, María a la cadena de las Madres de Israel: Sara, Rebeca, Raquel, Ana. Mujeres estériles cuya bendición es la fecundidad y que anticipan el más difícil todavía de Dios: la fecundidad de María virgen. Fecundidad que nos está hablando de una intervención teológica de Dios en la vida, pues para Él nada es imposible.

  • Discípula que se abre a la Palabra. La maternidad de María trasciende el hogar para desviar el foco de atención en la importancia de escuchar la palabra de Dios y ponerla por obra (Lc 8, 21). María personifica una fe liberadora y no alienante respondiendo afirmativamente: su sí, como el de Abraham quieren decirnos que no hay nada imposible para Dios.

Como discípula, además de ser oyente de la palabra es  transmisora y educadora de la fe.

  • En el “Magníficat” se manifiesta como modelo para quienes no aceptan previamente las circunstancias adversas de la vida personal y social, y que proclaman que Dios les ensalza. El Magníficat es un himno escatológico que condensa la fe de María y dibuja el rostro de su Dios, el de los pobres y débiles entre los que se incluye. Mediante este himno, María entra a formar parte en la tradición judía de mujeres que cantan peligrosos cánticos de salvación como Miriam, Débora, Ana y Judit. El Magníficat de María devuelve a la devoción mariana su carácter profético, liberador y revolucionario.

  • Modelo de servicio eclesial:
    1. Fue a servir a Isabel en el parto, pero también le sirvió anunciándole la palabra en el Magníficat.
    2. En Caná, atenta a las necesidades, su intercesión provoca la fe y obediencia de los discípulos: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5). De esta manera asume una nueva función: acercarse a los hombres y mujeres y animarles para que cumplan las palabras de Jesús. Así, ya está insertada en la vida de la Iglesia, intercediendo por los creyentes.
  • Nuevo modelo de Iglesia: una mariología desde los pobres ayuda a configurar y debe configurar una imagen de Iglesia de los pobres.

Teólogas como Mª Teresa Porcile, Halkes, Elisabeth Johnson, Mercedes Navarro aportan reflexiones como las siguientes:

  • Una teología desde la perspectiva de la mujer, liberadora, que pretende dejar de ver a María como una semidiosa, para verla como mujer rescatada del pecado del mundo y conducida por Dios a través de la fe, el sufrimiento y la pobreza.
  • María no es imagen de pasividad sino de la predisposición consciente a una salvación que se le anuncia y que ella transmite al mundo.
  • No simboliza el rostro femenino de Dios. Lo femenino se ha de incorporar también a la representación de Dios para no pintarlo solo con metáforas masculinas. Y entonces dejará la figura de María de ser una construcción masculina: virgen, esposa y madre; para recuperar su condición de mujer y recuperarla como ideal de discipulado perfecto, vincularla con la comunidad de creyentes y potenciar su relación con Dios en la fe.
  • María es modelo de fe que posee el coraje de la decisión, válido tanto para mujeres como para varones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Beatriz Martínez de la Cuadra (tomado de apuntes de Mariología de Mariola López Villanueva)

[1] IV Congreso de Teólogos del Tercer Mundo.