EPIFANÍA Y JÓVENES – Alicia Ruiz López de Soria, ODN

Situados en el escenario que nos muestra el texto bíblico de la Epifanía del Señor (Mt 2,1-12), extraemos tres claves de interpretación de la experiencia personal de fe:

Unos magos de Oriente se presentan en Jerusalén siguiendo la estrella de un rey judío que acaba de nacer. Unos magos paganos, que no conocen las Sagradas Escrituras pero sí el lenguaje de las estrellas, llegan a la capital de los judíos y forman un tremendo alboroto. La pregunta que hacen es explosiva: ¿dónde está este rey?

 Se sobresalta toda Jerusalén. Se escandalizan los judíos que escuchan directamente la pregunta de los magos: ¿qué nos ha nacido un rey? ¿acaso no es Herodes nuestro rey? ¿es que no saben estos extranjeros que vivimos bajo el dominio de Roma? ¿es que no han oído hablar del emperador Augusto?

«Indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle». Herodes es quién más se sobresalta al escuchar esta noticia. Herodes, el gentil convertido a la fe judía procedente de Idumea (país que nos trae a la memoria la historia de Esaú y Jacob), el rey que ha sido nombrado por el poder absoluto que domina todas las tierras conocidas, el que vive aferrado a su parcela de poder y quiere asegurarlo a toda costa, justificando estrategias, mentiras, crueldades, desprecios o muertes de inocentes…

Los magos, en camino, se detienen dónde está el niño. Los magos paganos recorren el camino de quiénes escuchan los anhelos más nobles del corazón humano: que la vida naciente sea admirada, que los débiles sean cuidados, que los humillados vuelvan a ocupar su lugar, que la ternura esté presente en las relaciones humanas…

Entran – Ven – Adoran.- Los magos paganos han entrado en una onda que les reubica existencialmente porque han logrado descubrir lo que oculta la realidad tras apariencias que confunden: han visto a Dios en un niño. El gesto que realizan ante tal descubrimiento indica que han salido totalmente de sí, pues está marcado por la gratuidad y la reverencia. Los magos paganos realizan lo que deseaban: se postran en adoración.

Abren sus cofres y ofrecen tres regalos. Los magos paganos no pueden más que ofrecer lo que les ha sido regalado en el mismo instante de descubrir a Dios en un niño: “oro”, la dignidad y el valor inestimable de cada ser humano; “incienso”, la posibilidad de vidas desplegadas en todas sus potencialidades; “mirra”, la necesidad de ser cuidados.

 No vuelven a Herodes, se retiraron a su país por otro camino. Quienes han descubierto lo divino en lo humano elegirán transitar unos caminos marcados por la pobreza y la humildad; se alejan del poder, las riquezas, la vanagloria…

Tres claves de interpretación de la experiencia personal de fe

  1. ¿Qué lenguaje domino para comunicarme con Dios en la vida? El lenguaje común entre Dios y las personas es el lenguaje del amor, más puesto en obras que en palabras. Mientras existan gestos de amor, los cristianos podemos sostener que el Dios de Jesús “se está manifestando” en nuestro mundo cada día.
  2. Ante mí tengo diferentes dioses. En la práctica todos adoramos a algún o algunos dioses. ¿Soy politeísta o monoteísta? El Dios de Jesús “se manifiesta” a todas las personas… unos le adoran y otros no (recuérdese que los sumos sacerdotes y letrados del tiempo de Jesús sabían que el Niño Dios nacería en Belén pero no se interesaron por él y, por supuesto, no se pusieron en marcha para adorarlo).
  3. Las realidades guardan sus luces y sus tinieblas. Al igual que sólo quiénes buscan el Reino de Dios y su justicia podrán encontrarse con el Niño Dios nacido en Belén, únicamente quienes proyecten una mirada contemplativa sobre los jóvenes podrán encontrar en ellos guiños de Dios en un nuevo mundo. ¿Me encuentro con el Dios que “se manifiesta” también a través de los jóvenes?