No cabíamos en la Iglesia. El Evangelio del domingo no dejaba lugar a dudas: los niños quieren estar con Jesús y Jesús con ellos.
Y en el Evangelio las familias le llevan a los niños a Jesús, porque saben que es bueno, que los va a bendecir, que va a leer futuro en sus ojos y alegría en su corazón. Hoy tenemos muchas familias que confían en nuestros grupos y actividades, salidas y campamentos… No acuden demasiadas a las misas, pero sí buscan muchas el apoyo de los jóvenes voluntarios y de los más veteranos; buscan un lugar donde sus hijos e hijas hagan amigos de verdad, quizá para toda la vida:; buscan alegría, que la vida ya tiene muchas penas; buscan alternativas de ocio a las pantallas o el consumo; buscan experiencias de solidaridad y voluntariado para que sus hijos aprendan a darse; buscan naturaleza para que aprendan a agradecer, cuidar y sentirse en armonía; buscan canción, teatro, diálogo, encuentro… para que salga todo lo bueno de dentro de sus hijos e hijas… Quizá no todos lo sepan, pero buscan con verdadera sed Buena Noticia para sus hijos e hijas, que en griego se dice Evangelio.
Y lo mismo para los jóvenes. Aquí no son quizá tanto las familias, pero sí ellos mismos, que quieren darse como voluntarios/as, o como monitores/as sin mirar tanto el reloj como los ojos de sus chavales; que son capaces de organizar su tiempo para llegar a esos momentos de risa, abrazo y pan con chocolate; que programan, se forman, escuchan, integran y por eso son educadores; que sueñan, mucho, frecuentando el futuro.
Me preguntaba si el problema para ellos no serán los apóstoles tontos que no saben que jóvenes y Jesús se llevan muy bien, por todo lo dicho. Esos que piensan que un joven de hoy en día nunca dirá un gran sí a la propuesta cristiana, y por eso no les hablan mucho de ella. Esos que sólo saben una manera de encontrarse con Jesús, y desconfían de las nuevas maneras de los nuevos seguidores. Esos que desdicen con su ejemplo malvado lo que habla su boca. Esos que hacen rayas de los que están dentro y los que están fuera, y para aquéllos todo y para estos nada… Esos quizá… Esos, sin duda, discípulos obstáculo, no han escuchado aquello de “Dejad que se acerquen a mí, también los jóvenes”.
Era la iglesita gótica de Aspuru, una maravilla del arte. Pero eran los niños/as y jóvenes del movimiento Calasanz de Vitoria-Gasteiz, ¡una maravilla de encuentro con Jesús!