Camilo – Ángela Muñoz Vila

El otro día me llevé una grata sorpresa, un detalle que, al resto del mundo le pasó inadvertido pero que contenía un gran valor en sí mismo. Camilo (así se llama) levantó por primera vez la mano en catequesis. Es un chaval que suele venir siempre a poscomunión y, sin embargo, nunca participaba. Es cierto que es muy difícil llegar a todos de la misma manera, pero a mi me sabia un poco mal que no pudiese sacarle partido a lo que en la parroquia comentamos. Así pues, después de más de un año; de repente, sin esperármelo, no sólo se atrevió a participar una vez, sino durante toda la catequesis no paró de hacer aportaciones. Parecía otra persona. Más abierto, más seguro de sí mismo, con interés, con ganas.

Me fui con buen sabor de boca a casa, pensando en las sorpresas que Dios nos tiene preparadas y como se espera al momento adecuado, al que él (y no nosotros) considera adecuado.

La mano de Camilo, levantada por primera vez, es esperanza. Esperanza por aquello que das por perdido y, de la noche a la mañana, da un giro de 180 grados.

Ángela Muñoz Vila