Allanad los caminos al Señor – Juan Fernando Arroyave

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Domingo 2° de Adviento – Ciclo C – 9 de diciembre 2018
Lucas 3, 1-6

Que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.
Y todos verán la salvación de Dios

En este 2° domingo de adviento se nos presenta la esperanza no como un sentimiento bonito ni pasivo que invita a sentarse a aguardar por un futuro mejor que viene; se trata más bien de una actitud: 1) una manera de mirar la realidad, 2) teniendo la certeza de que Dios se acuerda de su pueblo, actuando y llamando constantemente, y 3) que impulsa a una transformación (cambio, conversión) coherente con la esperanza que nos anima.

1) El contexto
Entendiendo que el Evangelio no es una crónica periodística ni histórica, llama la atención que Lucas se esmere tanto en los detalles del surgimiento de Juan el Bautista. Nos resalta que Dios actúa por medio de sus enviados en una historia concreta; desde los acontecimientos en que nos desenvolvemos cada día surge el encuentro con el Dios que viene.
¿Cuál es la realidad de tu tiempo en que quiere hacerse presente la esperanza del Dios que viene?

2) La vocación
Se aclara que la palabra de Juan es Palabra de Dios que vino sobre él: no son sus caprichos, ni sus conjeturas, ni sus deseos superficiales; solo en un encuentro profundo con Dios que habita la interioridad se escucha una palabra diferente que puede traer luz y esperanza a nuestro mundo.
¿Con qué tiempos y espacios cuentas para permitir que la palabra de Dios venga sobre ti?

3) La misión
La tarea del precursor de Jesús es preparar la venida del Señor mediante la predicación de la conversión. Pero, ¿cómo entender la conversión? La conversión pedida es parecida a la transformación de un desierto: “Voz que clama en el desierto”, el desierto que cada uno lleva por dentro y el desierto de nuestras ciudades. Juan recibió la inmensa tarea de sacudir esos desiertos, todos esos obstáculos que impiden avanzar. La imagen de los “caminos que se hacen llanos” evoca una gran apertura que nos rescata de nuestras soledades, un fluir que nos saca de nuestros estancamientos, un gran espacio para la compañía que nos saca de nuestros egoísmos, una ampliación de la visión que nos devuelve los sueños de humanidad que creíamos imposibles.
¿Qué valles hay que elevar y qué senderos allanar en tu vida y en tu entorno?