Juan Carlos de la Riva

Se puede mirar la realidad con muchos ojos y cada mirada transforma lo mirado y al mirador de maneras diferentes: los ojos del fiscal buscan el fallo del otro y aumentan la vanidad propia; los de la madre y el padre lo cuidan todo y se descuidan; los del niño lo preguntan todo y prefieren el asombro a la respuesta y los del jardinero saben ver lo que todavía está bajo tierra. No, no es lo mismo un mirar y otro mirar.

Quien se dedica a la pastoral juvenil tiene la mirada del pastor; mejor, la del buen pastor.

El pastor no mira rebaños sino ovejas con nombre propio.

El pastor no mira el reloj sino el sol que ilumina.

El pastor no mira sequías sino pastos frescos y lejanos, fuentes tranquilas, reinos desconocidos, tesoros escondidos.

El pastor ve los lobos antes de mirarlos y los partos antes de escucharlos.

El pastor se ve entregado y ve su amor en otros multiplicado.

RPJ quiere tener esta mirada para el joven y el mundo, la vida y la fe. Y quiere señalar los pastos del Reino que el joven aún no ha probado, y caminar delante y sin correa los pasos de aquel primer buen pastor, para animar el ascenso sin coartar la decisión.

El Reino está ahí y muchos jóvenes aún no lo ven. Invitemos a mirar. Señalemos con nuestra mirada, más allá de lo que vemos, más profundo en lo que miramos, más real en lo que experimentamos, el Reino de Dios.

Si te identificas con esta mirada, puedes leer esta sección y también escribir y enviar. Mirar y señalar con la mirada.