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Alicia Ruiz López de Soria, odn
arlds7@gmail.com

El pasado 22 de enero, el periódico El País nos sorprendió con una entrevista en exclusiva al papa Francisco, dedicándole la portada y las primeras cinco páginas interiores. Entre las numerosas cosas interesantes a comentar está la mencionada vinculación entre Pablo VI y el actual pontífice, con el objetivo de nombrar elementos que aparecen en los últimos intentos de reformas eclesiales. El papa Francisco señaló que «la Evangelii gaudium, que es el marco de la pastoralidad que yo quiero dar a la Iglesia ahora, es una actualización de la Evangelii nuntiandi de Pablo VI».

No solo para el papa Francisco, para muchos, Evangelii nuntiandi (1975) es el mejor documento pastoral postconciliar y no ha perdido actualidad. Evangelii gaudium (2013), en su deseo de establecer claves para el anuncio del Evangelio en el mundo actual, la cita en ocho ocasiones, a saber:

  1. Para decirnos en qué consiste la tarea de evangelizar: «Evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios». Pero «ninguna definición parcial o fragmentaria refleja la realidad rica, compleja y dinámica que comporta la evangelización, si no es con el riesgo de empobrecerla e incluso mutilarla»
  2. Para invitarnos a una adoración loable del Evangelio en medio de una sociedad confusa: «Cuando uno se detiene a tratar de comprender cuál es el mensaje de un texto, ejercita el “culto a la verdad”».
  3. Para subrayar el poder y la fuente de un testimonio cristiano alegre: «Recobremos y acrecentemos el fervor, “la dulce y confortadora alegría de evangelizar incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas […] Y ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo”».
  4. Para animarnos a renovar permanentemente la pastoral: «Recordemos que “la evidente importancia del contenido no debe hacer olvidar la importancia de los métodos y medios de la evangelización”».
  5. Para indicarnos cómo vivir cada día el servicio apostólico: «Si bien esta misión nos reclama una entrega generosa, sería un error entenderla como una heroica tarea personal, ya que la obra es ante todo de Él, más allá de lo que podamos descubrir y entender. Jesús es “el primero y el más grande evangelizador”. En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu».
  6. Para recordarnos la necesidad de estar atentos a los signos de los tiempos, detectados al compartir lecturas creyentes de la realidad: «Sabemos que “la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre”».
  7. Para revalorizar el papel que juega la piedad popular en la transmisión de la fe: «En la piedad popular puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo. En algún tiempo mirada con desconfianza, ha sido objeto de revalorización en las décadas posteriores al Concilio. Fue Pablo VI en su exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi quien dio un impulso decisivo en ese sentido. Allí explica que la piedad popular “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer” y que “hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe”. Más cerca de nuestros días, Benedicto XVI, en América Latina, señaló que se trata de un “precioso tesoro de la Iglesia católica” y que en ella “aparece el alma de los pueblos latinoamericanos”».
  8. Para poner el acento en la experiencia personal de encuentro con Jesús: «También en esta época la gente prefiere escuchar a los testigos: “tiene sed de autenticidad […] Exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos conocen y tratan familiarmente como si lo estuvieran viendo”».

Se puede hablar de hilos conductores de dos reformas eclesiales próximas en el tiempo. Tal vez los agentes de evangelización hagamos bien en tejer nuestra acción pastoral con ellos.