RPJ / Revista de Pastoral Juvenil

Con aires nuevos y el compromiso de siempre, con caras nuevas y la solera de más tradiciones que se unen, con renovado entusiasmo sabiendo que somos sal y luz joven para jóvenes, con la tabla de surf puesta en la ola de la iglesia de Francisco y de todos y todas, que quiere vocacionar a todo joven y que entiende que preguntarse por la vocación, es la mejor manera de evangelizar el corazón. ¡Ya falta muy poco!

Primero fueron los nombres en un papel, luego los correos y reuniones, luego los archivos desde muchos teclados, pruebas de diseño, titulares, portada… y pronto, el papel, ese material que contacta contigo, que te acompaña en la sala de comunidad, o en el local de monitores, que te llega y te sorprende en el buzón, que te llena de olor a tinta y a iglesia… ahora en color, ahora más ágil y esbelta, más joven.

Recuerda que en la próxima puedes escribir tú, que nos interesan tus sugerencias y opiniones, y sobre todo tus sueños y proyectos con y entre los jóvenes. Recuerda que puedes publicitar y divulgar eso que en tu parroquia o comunidad sí está funcionando, o esa reflexión sobre tal tema, o denuncia, o anuncio… Recuerda que estamos a tu servicio y que te emplazamos a hacer red y comunidad con otros muchos y muchas que, como tú, no han encontrado nada más joven que el Evangelio.

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Recuerda también que es el Papa y toda la Iglesia Católica la que quiere que hablemos de los jóvenes con los jóvenes. Analicemos con realismo y auto crítica si en nuestra praxis pastoral en esta periferia que son muchos jóvenes indiferentes a la fe (hay quien dice que eso es mucho peor que cuando atacaban la fe beligerantemente…) estamos provocando la única pregunta importante,  la vida misma como llamada, para que nadie seamos una anécdota y menos un sinsentido. Qué acierto el de Francisco de unir jóvenes y propuesta vocacional.

Al que pregunta cómo van a pensarse lo vocacional si ni siquiera tienen fe, yo suelo contestar que no tienen fe porque no se han pensado lo vocacional. Atrevámonos a perforar la vida con ellos, a sacar de cada experiencia vivida entre jóvenes todas las preguntas que de verdad marquen dirección y ayuden a discernir. Impliquémonos en la paciencia de la escucha de los y las jóvenes para que nada pase desapercibido, para que cualquier vivencia sea orientada, encaminada, leída en términos de ruta misteriosa hacia una vida que dé más de sí. Sólo desde el anhelo ineludiblemente juvenil de más vida más auténtica y llena podremos algún día contarles que existe ese manantial que anhelan. ¿Cuál era la pregunta? respondía aquel joven al que le dijeron de repente que Cristo era la respuesta… Respondámosles con la pregunta. Preguntémosles por la pregunta. Ayudemos a analizar la validez de los intentos y experimentos para descubrir y valorar lo auténtico del anhelo…

La fe vendrá cuando haya pregunta vocacional. Sin duda.

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