RPJ / Revista de Pastoral Juvenil

2 meses ago
Bienaventurados.  

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Las lecturas de este domingo nos invitan a la sencillez de corazón y a la humildad. Y nos invitan a que busquemos a los humildes de la tierra y aprendamos de ellos a ser resto de Israel querido por Dios.

Voy repasando los nombres de los sencillos que enriquecen mi vida, y me salen algunos: un joven de Mali y otro de Marruecos con quien me he sentado hoy a la mesa, un joven con discapacidad intelectual con quien me he cruzado por la calle y he conversado, una alumna en convivencias, que no quiere que le imponga la fe aunque a tientas busca y cuando hablo abre bien los ojos y sobre todo los oídos, un cura ya mayor con el que me paro a conversar de la diócesis, y me anima a animar, una matrimonio joven, los únicos que vinieron esta vez a la reunión, que quiere que sus hijos entiendan que tener fe no es ser raro sino feliz, y que la vida cambia cuando Jesús la acompaña… sencillos, humildes, pobres… pero dan de comer a los hambrientos como Dios lo hace con sus hambres, y enseñan a muchos con brillo de estrellas.185364-620-282

No, en nuestras asambleas no hay muchos sabios, ni poderosos, ni aristócratas. Lo tienen difícil para sentarse y compartir. No. En nuestras asambleas hay otras gentes. ¡Qué bueno!

Nuestra revista RPJ no es la más famosa, ni la más erudita, ni la oficial, ni la que más pega… es una sencilla revista para gente que sencillamente quiere a los jóvenes sencillos. No tenemos un gran presupuesto. Ni una gran tirada. Ni grandes firmas del momento. Ni sienta cátedra con sus exposiciones deslumbradoras. Ni vende los éxitos de nuestras pastorales.

No, no es eso. Es simplemente una comunidad, un encuentro de hermanos, una alegría compartida en vasos de barro, una canción de esperanza desde los más pobres para todo el mundo, especialmente los jóvenes, un compromiso renovado de fidelidad a nuestra promesa joven de seguir a Jesús a su estilo, sin éxitos ni banderas, con pan y fiesta. Eso es RPJ.

No nos suena tan raro el anuncio del profeta Sofonías. Ni la carta de Pablo. Ni las Bienaventuranzas tan llenas de lágrimas y consuelos, de fracasos acompañados, de luchas entrecruzadas con la eucaristía.

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Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.
El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete.

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