RPJ / Revista de Pastoral Juvenil

A propósito del Sínodo 2018

Gracias, de nuevo, Francisco.
Puede resultar pretencioso, pero cuando compruebas que en la Iglesia van ocurriendo cosas que tienes dichas y almacenadas en el rincón íntimo de los amigos (pues decirlas muy alto podían acarrearte problemas), sientes una gran satisfacción plena de agradecimiento.
Hace dos años, cuando se puso de moda que el Papa llamaba y respondía a la gente que le escribía, pensé enviarle una carta al Papa. Pero la concienzuda conciencia de adulto me devolvió el intento a su agria realidad: “¡No seas iluso!” (Me faltó ser más niño…) Y lo único que quería expresarle es que por primera vez en mucho tiempo (quizá la primera) se mirase a los jóvenes como protagonistas y pudiera convocar un sínodo o un encuentro eclesial para escuchar, compartir y discernir la nueva sensibilidad que el Espíritu alienta en ellos… Gracias, Francisco.
Esta vez no me callo. Os comparto mi idea de encuentro (que sé más que improbable para una reunión del calado de un Sínodo), pero que esta vez no quiero dejar de expresar.

Sueño con un encuentro entre iguales: obispos y jóvenes. Donde no vayamos a enseñar sino a aprender y que cada uno esté dispuesto a mostrar lo que hay en su corazón y acoger lo que el otro comparte. Sin prejuicios ni valoraciones previas.
Una reunión en mesa redonda, donde la única presidencia sea la del cariño y el respeto mutuo. Donde unos muestren sus tatuajes y otros sus ropajes eclesiásticos; unos los piercings y los otros los pectorales; unos los colores de su cabello y los otros los de sus solideos… Y en esa macedonia de estilos, colores y aspectos, se celebre la diversidad como condición indispensable para una unidad sólida y real, un signo evidente del Espíritu.
Una reunión donde las jóvenes no son sólo el eco recogido por otros, sino protagonistas directas del encuentro. Donde los jóvenes participantes muestran la pluralidad social: de izquierdas y de derechas; estudiantes, trabajadores y en paro; creyentes, ateos o indiferentes; con diversa orientación sexual y de diferente estrato social; una reunión con jóvenes con diversidad funcional o situaciones psíquicas diversas, en donde no haga falta decir que ‘todos somos hijos de Dios’ sino que la fotografía de familia final hable por sí misma. ¿O acaso Dios no es capaz de hablar por un joven ‘diferente’?
En este encuentro, los contenidos se han decidido a medias: el 50% lo proponen los obispos y el otro 50% los jóvenes.
El encuentro se vive en régimen de internado: todos comen juntos, pasean juntos, ven la TV o consultan internet en el mismo espacio, duermen en el mismo lugar,…
Para poder acercarse cada uno a su mundo (pues son mundos tan diferentes!), los jóvenes escogerían alguna película, alguna música y alguna actividad lúdica que les identifique y les guste para compartir con los obispos. Ellos a su vez harían lo mismo. Igualmente prepararían alternativamente momentos de oración y celebración. Sería como una experiencia de acercamiento vital donde finalmente cada uno mostrara y explicara sus anhelos, preocupaciones y esperanzas que viven en torno a la vida, al mundo, a las religiones, a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia y lo que surgiera de los diálogos compartidos.
Finalmente propondría una metodología de sextetos, donde tres jóvenes y tres obispos trabajasen algunos de los temas que nos preocupan y pudiesen elaborar un escrito a modo de ‘carta del sínodo (encuentro) sobre… a los jóvenes cristianos y a todos los que deseen escuchar’.
En fin, lo sé, es un sueño, pero si no se sueña nunca se puede vivir la tremenda experiencia de decir un día: “este sueño se ha hecho realidad”.
Sin duda, un sínodo sobre los jóvenes no es un sínodo sobre una población determinada sino sobre el conjunto de la Iglesia que se vive en este mundo. Un sínodo con esa perspectiva ha de estar preparado para encontrarse con la verdad más cruda y estar dispuesta a dejarse corregir y embellecerse con una nueva estética y una ética novedosa.
Por eso, Papa Francisco, solo le pido que el Sínodo sobre los jóvenes pueda prepararse, vivirse y comunicarse al mundo contando con los jóvenes, de todo tipo, clase y condición. Y no tengamos miedo, que el Espíritu Santo, sabe lo que hace…
Gracias, de nuevo, Francisco.

PS: Para muestra un botón. Pongan en el gran buscador Google ‘obispos y jóvenes’ y observen la multitud de fotografías… Luego pongan la búsqueda acotada “obispos con jóvenes”… Apenas 20 fotografías y varias de ellas son del Papa.

Carles Such, Sch. P.

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