RPJ / Revista de Pastoral Juvenil

Por Chema González Ochoa

Cinematográficamente hablando hemos sobrevivido al lado oscuro. No se asusten que no voy a hablar de la nueva y arrolladora Fuerza… de la Disney. ¿O sí? El fenómeno Star Wars merece más estudio desde la perspectiva sociológica y desde las buenas prácticas del marketing que desde el hecho fílmico. Frente al tsumani galáctico algunas películas de estas pasadas semanas merecen la pena considerarse: la buena historia, magníficamente contada por Spielberg en El puente de los espías; el excelente cine a contracorriente y de honduras emocionales de 45 años de Andrew Haigh, y Steve Jobs, la peculiar biografía, por definirla de alguna manera, de un visionario que nos abrió las puertas a la era digital.

Personaje profético y genial, dicen los que saben, que no podríamos concebir el mundo actual sin sus aportaciones. Es decir, nos transformó a todos. Aunque yo confieso que ni tengo ni he manejado nunca ninguno de sus aparatos, estoy rodeado de ellos. Así, a modo de resumen para los más legos, decir que Steve Jobs fue el creador de Apple -y  sus productos emblemáticos  Macintosh, la serie iMac, iPod-,  la tienda digital iTune y los estudios Pixar, para terminar convirtiéndose en el mayor accionista de la Disney. (¡Ah, volvemos, pues, a la Disney!). Un tipo que adivinó, o trazó él mismo, el camino que debían seguir las nuevas tecnologías y hoy lo trillamos todos. Pero hete ahí que, lo leído y lo mostrado en la película, confirma la sospecha que siempre ensombrece a estos genios: o son o han sido o terminan siendo “raritos”, por no emplear una expresión más definitoria y contundente.

Ya lo vimos con La red social (RPJ) y el creador de Facebook, película con la que Steve Jobs comparte guionista, Aaron Sorkin. Estaba también en Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), obra a la que se le hacen varios guiños reverenciales. Y se vuelve a confirmar. El genio digital era un autentico imbécil social, un tirano con sus empleados, que disfrutaba haciendo sentir miserable a la gente, insoportable en el trato, vanidoso, inflexible. Estaba tan pagado de sí mismo que afirmó convencido: ”Empecé en un garaje e inventé el futuro”.

No piensen que van a ver una obra biográfica al uso, al contrario, uno de los grandes méritos de la película es la estructura en tres actos, casi teatrales, de tres momentos intermedios en la vida del artista informático. Todo se desarrolla, como una metáfora de las interioridades del personaje, en los camerinos, en los largos pasillos de la tramoya. Como si se tratase de una tragedia griega, con algo de Shakespeare, la  película tiene un gran escenario repleto de público expectante, un protagonista arropado por un magnífico coro, y unas bambalinas donde se desarrolla lo que realmente importa. La teatralidad viene remarcada por el drama expresado en unos continuos, ingeniosos y fluidos diálogos.

Así, poco antes de dar a conocer al gran público el Macintosh (1984) , el NeXT (1989) y el iMac (1998) Steve, habla, discute, grita, ordena, machaca o ignora a sus seres más próximos, que como si de varios fantasmas dickesianos se tratasen, se le acercan para remover algo de su interior. Ahí está esa maravillosa Kate Winslet, convertida en su conciencia con el personaje de Hoffman, o el compañero de los inicios, Wozniak, que le reclama que comparta su gloria, o Lisa, la hija a la que ni ama ni reconoce, a Scully, el mentor que desprecia…

Lo realmente interesante es que la película obvia lo que ocurre en el escenario, frente a los focos, y nos lleva hacia el interior desajustado que vislumbramos pero no acertamos a confirmar. Porque a Jobs la Vida (con mayúsculas) parece escapársele  en esos minutos previos a la presentación del nuevo artefacto y ni siquiera él es capaz de comprenderlo.

La obra posee un ritmo endiablado y subyugante. Los diálogos escritos por Sorkin son incisivos y la cámara del director británico Danny Boyle los convierten en una caligrafía ansiosa y veloz. A veces, el espectador es agitado en exceso, como en la secuencia en la que Jobs y Scully discuten hasta el extremo de provocar su expulsión de la empresa. Hay demasiada información y diversos tiempos en ese montaje paralelo. Me temo que es el irrenunciable sello del director. También sospecho que el final es más de Boyle que de Sorkin. La coda es muy bella desde el punto de vista cinematográfico, aunque puede resultar discutible, pues deja más enigmas de los que realmente hubo y permite alguna fisura emocional. Quizá sea elucubración mía, pero en el texto de Sorkin debía haber más distancia y desencanto.

Sin embargo, es encomiable la pulsión dramática in crescendo que imágenes y diálogo van formando en el espectador. Una tensión hipnótica de dos creadores –guionista que pone la palabra y director que enmarca y enlaza las imágenes- que  van señalando, sin desvelar ni juzgar, los recovecos oscuros del personaje. El relato tiene potencia visual y magnetismo. Sabiamente, ambos dejan fuera las aportaciones por las que Steve pasará a la historia, aquí lo interesante es conocer la humanidad del gigante, el enano que hay escondido tras unas gafas redondas unos vaqueros desgastados y un jersey negro.

Y a todo lo anterior se une un elenco actoral formidable. Michael Fassbender está sublime como Steve Jobs, sin excesos, siempre ajustado a la situación, con ese magisterio que imparte  desde que protagonizara Shame (2011), como si estuviese en estado de gracia permanente. La réplica se la da una irreconocible –al menos en la primera parte- Kate Winslet, estupenda como Joanna Hoffmann, la directora de marketing de Apple, única capaz de enfrentarse al jefe a la vez que intenta humanizarlo. Mención también para Jeff Daniels como Scully, el director ejecutivo que echó de su propia compañía al genio, cuyo sentimiento de culpa le acompañará para siempre.

 

ALGUNAS PISTAS DE TRABAJO

-¿Te ha gustado o no la película? ¿Ha conseguido emocionarte y hacerte  reflexionar?

– ¿Qué crees que es lo más interesante y el mensaje principal del relato?

– ¿Qué es lo que más te ha gustado de la historia?, ¿qué es lo que más te ha hecho reflexionar? ¿Y lo más original?

– ¿Cuáles consideras que son los aspectos más destacados de la personalidad de Steve Jobs?  ¿Por qué crees que no se comprendía ni aceptaba el mundo emocional propio ni el de su alrededor?

– ¿Se le puede perdonar a un genio toda su arrogancia y soberbia por sus aportaciones a la humanidad?

– ¿Qué papel juega su compañera Joanna Hoffman (Kate Winslet)? ¿Crees que finalmente consigue cambiarle y hacerlo más humano, más persona, sacar lo mejor de él, como pretendía?

– ¿Cómo juzgas el final de la película? ¿Crees que se ha producido una transformación en el personaje?

– ¿Crees que la informática y los cambios de la era digital han mejorado nuestra calidad de vida? ¿Son realmente un avance y un beneficio para la humanidad?

– ¿En qué te ayudan en tu vida privada, en el día a día artefactos como un Pc portátil, una tablet, un iphone, un ipod, las compras por internet…?

– ¿Cómo se te ocurre que podemos utilizar todo esto a favor del evangelio y de los más desfavorecidos?

– ¿Te ha atrapado la tecnología hasta el punto de que ya no sabes vivir sin ella?

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