RPJ / Revista de Pastoral Juvenil

Esta última palabra hace referencia a los versos añadidos a una composición poética que suele tener una estructura fija. Los Encuentros con jóvenes, últimamente, suelen tener una estructura fija que centra el evento en la relaciones, el compartir, la horizontalidad de las propuestas y la sensibilidad juvenil. Estupendo. Pero también últimamente, todos los Encuentros con jóvenes, acaban sin un estrambote necesario: que sean los propios jóvenes quienes expresen, comuniquen y hagan llegar su reflexión y conclusiones al lugar donde se toman las decisiones…
Solo tengo palabras de agradecimiento a los que han organizado y participado en el Encuentro de Jóvenes Religiosos de la CONFER en Salamanca. 250 religiosas y religiosos de 78 instituciones han hecho evidente la alegría del evangelio y la buena salud de la Vida Consagrada en España (que es multicultural y eso la hace más bella). Durante dos días han compartido, reflexionado, rezado, paseado… haciendo presente y poniendo sobre el tapete de las horas y los días salmantinos sus preocupaciones, anhelos, sueños y dificultades. Pero volvemos en la Iglesia a escuchar de manera parcial, tratando a los jóvenes (y así se lo decimos) como futuro y no como presente. Decir “sois el futuro” es lo mismo que decir, “hasta que no pases esta edad no te haremos responsable del presente”. No aguanto este paternalismo que retiene y cauteriza la novedad que el Espíritu está suscitando en las nuevas generaciones.
También en Salamanca. Llegó el acto final, y todo quedó en unas bonitas palabras ‘adultas’ y dejarlo todo como una experiencia interior y afectiva (con baile incluido y muchas palmaditas). ¿Por qué tratamos a los jóvenes -que además no lo son tanto, pues se ven hombres y mujeres bien formados- como adolescentes a los que hay que entretener y despedir con una golosina? ¿Por qué no les damos la palabra para que NOS digan por dónde les gustaría caminar, qué opciones tomar, cómo desean vivir, qué está frenando su vitalidad e ilusión? ¿Es miedo? ¿Es el cómodo criterio “siempre se ha hecho así”?… Y lo más grave, ¿podemos en la Vida Consagrada discernir con los jóvenes los signos de nuestro tiempo? Lo seguro es que sin que puedan hacer llegar su voz a sus gobiernos, no. ¿Dónde queda entonces la PROFECÍA?
A riesgo de equivocarme, y dado que tras haberlo pedido y animado, no ha habido manifiesto ni documento programático final de este Encuentro, me lanzo a hacerlo desde lo percibido, escuchado y compartido durante estos dos días con los religiosos/as jóvenes en Salamanca. Miradas, lágrimas, agradecimientos, reflexiones compartidas, dudas, planteamientos… de algunos con los que he podido convivir, están detrás de estas
“Propuestas de los religiosos jóvenes a los que gobiernan sus Instituciones religiosas”:

  • Somos jóvenes que vibramos por el Evangelio y Jesucristo. En el centro de nuestra vida y nuestra misión queremos que esté Jesucristo que nos abre la puerta al Padre. Nuestro centro no son las tareas ministeriales.
  • Somos jóvenes que valoramos y queremos la vida comunitaria, pero no la que está basada simplemente en horarios, prácticas oracionales y puntualidad a las comidas; anhelamos un lugar habitable donde compartir la fe, crecer humanamente, confrontarnos evangélicamente, nutrirnos para la misión y que el centro sea la persona y no la televisión.
  • Somos jóvenes que deseamos el bien para nuestra Institución y para la Iglesia, acogemos la realidad de personas mayores con la que convivimos diariamente y la consideramos un regalo de sabiduría y entrega, pero nosotros/as tenemos otra sensibilidad, otros deseos, otras necesidades que nos gustaría fuesen atendidas también.
  • Somos jóvenes que queremos dejarnos y entregar la vida en la misión, pero no estropearnos la vida por la misión mal vivida. Nos sentimos saturados, desbordados y alentados a un ritmo de vida que consideramos insano y poco evangélico. No renunciamos a ser ‘Martas’ cuidadosas, pero deseamos gustar más de ‘la mejor parte’ de María.
  • Somos jóvenes que sentimos que muchas de nuestras casas e instituciones son como losas, castillos almenados y fortalezas infranqueables. Deseamos abrir nuestras casas a los otros: pobres, refugiados, laicos, otros religiosos,…
  • Somos jóvenes y nos gustaría que lo que se hiciese y decidiera para nosotros no se hiciese y decidiera sin nosotros. Acogemos y vivimos con docilidad y agradecimiento el servicio de la autoridad, pero no queremos que nuestra obediencia “nos haga imbéciles” (-expresión del Card. Braz-), sino dialogar y expresar lo que llevamos en el corazón antes de que se tomen las decisiones.
    Somos jóvenes y deseamos alimentarnos de la oración litúrgica, la celebración de la Eucaristía y otros sacramentos, pero creemos que es posible vivirlos con otras formas poniendo en juego la riqueza de los sentimientos y viviendo la espiritualidad con cada sentido y corporalmente (no solo el oído).
  • … (Dejo que algunos/as jóvenes religiosos/as, si os llega esto, podáis completar, pues solo he intentado poner palabras a lo que os he escuchado a algunos/as, pero sin duda erais muchos y quedan temas como el acompañamientos, trabajo en red, intercongregacionalidad…)

Disculpadme el estrambote.

Carles Such schp, director de la Revista de Pastoral Juvenil

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