RPJ / Revista de Pastoral Juvenil
El curso ha tocado a su fin y el estío se nos presenta como una estupenda oportunidad para ver cine, mucho cine. Las salas bien refrigeradas son una buena solución para esconderse durante las sofocantes tardes del verano y para huir del exceso de fútbol mundialista. Julio y agosto no suelen ser buenos meses para estrenar, así que las distribuidoras sacan sus remanentes y películas sin mucho impacto, pero siempre hay alguna joya escondida, es cuestión de buscarla. Por otra parte, los cines de verano, las improvisadas salas al aire libre, vuelven a reponer éxitos o películas recientes que no tuvieron una larga trayectoria comercial, por lo que es una buena oportunidad de ver esas obras que se nos quedaron pendientes.
Por Chema González Ochoa

Yo empezaría recomendado  aquellas películas que han aparecido en estas páginas y que por alguna razón no hemos podido ver…y añadiría, en primer lugar y como imprescindible “Una familia de Tokio”, (Yôji Yamada), excelente reflexión sobre la familia, que deja muchas más luces y esperanzas que la asfixiante y enfermiza “Agosto” (John Wells), que solo puede verse un día que no se haya discutido con la familia.

Interesantes son las oscarizadas “Doce años de esclavitud” (Steve McQueen) y “El lobo de Wall Street” (Martin Scorsese)  aunque reconozco que no sean del gusto de todo el mundo. Ambas buenas películas, con excelente ritmo narrativo (en especial la de Scorsese), pero excesivamente explícitas en algunas secuencias de violencia, sexo y drogas.

11176448_800Y siguiendo el rastro de los Oscar, recuperen “Nebraska” (Alexander Payne), una road movie en blanco y negro que les dejará bastantes interrogantes y alguna sonrisa.

Merece también la pena “La Venus de las pieles” (Roman Polanski), sin ser  imprescindible, en ella está lo mejor del director: el humor vitriólico, la visión ácida y claustrofóbica de las relaciones humanas y la inquietud que siempre deja en el espectador.

Y ya para ponernos sublimes, y alguno diría que pesado, dos obras densas, “Hanna Arendt” de Margarethe von Trotta y su reflexión sobre la banalidad del mal o la radicalidad del bien, y “El último de los injustos”, un documental que recupera una serie de entrevistas a Benjamin Murmelstein, el último presidente del Consejo Judío del campo de concentración de Theresienstadt, que Claude Lanzmann, tenía filmadas y no quiso incluir en su película definitiva sobre el holocausto, “Shoah”. ¡Ojo!, no son para ver en una tórrida tarde de estío, esperando que baje el sol para salir a tomar un helado o darse un baño…

Para los amantes de la ciencia ficción, lo más reseñable del año, sin duda, “Elysium” (Neill Blomkamp) y “Snowpiercer” (Bong Joon-ho), traducida como Rompenieves,  dos propuesta dignas en su género que combinan la acción con ese punto de reflexión que necesita cualquier película que se precie.

427394Y para relajar tanto entrecejo fruncido, qué mejor que disfrutar del gran éxito del cine patrio, “Ocho apellidos vascos” (Emilio Martínez-Lázaro). Relajante, divertida, sin más pretensiones que reírnos un poco de nosotros mismos, de nuestras creencias inamovibles, de nuestros estereotipos y dejarnos llevar por lo más humano y entrañable que todos llevamos dentro. Puede verse en familia, con amigos, con la pareja o solo. La sonrisa y el buen rollo están asegurados.

También podemos ver la gamberra “Malditos vecinos” (Nicholas Stoner), tiene su punto y desengrasa.

Otras películas amables para ver en familia y sacarles partido pueden ser “La vida secreta de Walter Mitty” (Ben Stiller), “Frozen” (Chris Buck y Jennifer Lee), “El juego de Ender” (Gavin Hood) o “Capitán Phillips” (Paul Greengrass) o la maravillosa “Hotel Budapest”, si os gusta el peculiar cine de Wes Anderson.

Por último una recomendación personal que siempre hago: rebuscar en los videoclubes o en vuestros viejos cajones algunas películas de los maestros canónicos tipo Lubistch, Ford, Hitchcock…  O revisar esos clásicos que todos tenemos en la memoria y nunca dejan de sorprendernos, o aquellas películas de las que tenemos algún recuerdo entrañable o dejaron impresiones indelebles. Por si os sirve, yo  he vuelto a revisar, disfrutando y encontrándole nuevas lecturas a: “Las invasiones bárbaras” (Denys Arcand); “My Blueberry nights” (Wong Kar-Wai); “Moonrise Kingdom” (Wes Anderson);  “El gran Lebowsky” (Joel Cohen);  “Amanece que no es poco” (José Luis Cuerda); “El Havre” (Aki Kaurismäki), o la maravillosa y pura “Dersu Uzala” (Akira Kurosawa)…

¡Feliz verano!

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